Vicky Santa Dendro

LA NECESIDAD DE EMPATÍA

LA NECESIDAD DE EMPATÍA

“El regalo más precioso que podemos ofrecer a cualquier persona es nuestra atención. Cuando nuestra atención alcanza a quienes amamos, ellos brotan como flores” Thich Nhät Hanh

Historia de la vida real

A Silvia, ejecutiva de una empresa multinacional le ofrecieron participar en un proyecto en otro país. Estaba feliz por haber sido seleccionada y sentía mucha ilusión porque era un tema que a ella le gustaba.

El líder del proyecto del país a donde Silvia debía viajar, Enrique, le anunció que había sido seleccionada como la persona idónea. Esperaba que fuera así, y que no fuera a pasar lo ocurrido con dos ejecutivos anteriores que no habían sido capaces de lograr lo que se esperaba de ellos. “Advertía que no se podía volver a equivocar en la selección. Esto no podía volver a pasar”.

A partir de este momento Enrique se dedicó a enviarle información que podría ser relevante para que hiciera las cosas bien en el nuevo proyecto, pues “esperaba que las situaciones de fracaso de las dos personas anteriores no se repitiesen”. Evidentemente Silvia recibió excelente información.

Las pocas ocasiones que Enrique se comunicó fue para reiterarle que si necesitaba alguna información adicional le dijera, pues “esperaba que no fracasara como los ejecutivos anteriores”. Las repetidas advertencias hacían sentir a Silvia cada vez más estresada. Esto la llevo a preparar

una y otra vez los temas, que en realidad ella conocía muy bien, pues llevaba años de experiencia manejándolos.

Llegó finalmente a la ciudad dónde se desarrollaría el proyecto, a una reunión con la alta gerencia de la empresa. Enrique la saludo con amabilidad. Al terminar la reunión recibió la instrucción por parte de este, que tenía agendada varias reuniones con el gerente de mercadeo, Mario, y su equipo. Antes de la primera reunión, Silvia fue alertada de que el gerente de mercadeo era una persona irascible. Curiosamente Enrique no la presentó al gerente de mercadeo. Silvia recibió la indicación de buscar la oficina donde se llevaría a cabo la reunión. En ese momento Silvia tuvo un sentimiento de orfandad.

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Evidentemente desde el saludo, Mario se mostró arrogante y descalificador con ella. En las reuniones dicho gerente no hizo más que atacar cualquier cosa que Silvia dijera y su equipo inmediato de colaboradores hizo eco a las burlas de este.

Frente al estilo autoritario de Mario, Silvia contestó al inicio de manera agresiva y poco a poco se mostró cada vez más pasiva.

En cada reunión Silvia se sentía más disminuida e insegura. Posteriormente en una reunión con Gestión Humana, Silvia presa del miedo, manifestó que no sabía si ella estaba entendiendo bien los documentos que habían sido presentados, documentos que ella manejaba muy bien. Sentía que le estaba yendo mal, las cosas no iban por buen camino. La profecía se había cumplido.

El gerente del proyecto tenía miedo de que le fuera mal y su expectativa se cumplió. (Profecía autocumplida).

Al terminar el día trató de comunicarse con Enrique, pero este no le respondió.

Enrique había sido informado que Mario le había solicitado al presidente de la corporación que vetara a Silvia, manifestando su interés por el proyecto, pero con una persona que fuera competente. Enrique estaba lleno de rabia y por tanto pensó que no tenía nada que hablar con Silvia. Para él lo único positivo fue que Mario mostró intención de colaborar con el proyecto por primera vez.

A la mañana siguiente el gerente del proyecto dejó que Silvia acudiera a una nueva reunión con la alta gerencia sin informarle que ya no continuaría en el proyecto. Recuperada del miedo que había tenido el día anterior, Silvia sintió que había logrado la compostura necesaria y hacer aportes durante la reunión a pesar de que el presidente se mostró distante y evasivo.

El gerente del proyecto la estaba esperando afuera. Al salir Silvia, este le preguntó cómo le había ido. Ella contestó que mucho mejor que el día anterior a lo cual este replicó que raro, pues usted fue vetada.

Enrique había tratado de comprender intelectualmente lo sucedido. No lo hizo bien, no mostró autoconfianza ni empoderamiento, no persuadió a nadie. Convencido de que su capacidad de comprensión era superior y que tenía toda la razón, Enrique envío a Silvia de regreso a su país, habló con el jefe de esta, concluyendo que no era una persona capaz de enfrentar un proyecto de este alcance.

LA NECESIDAD DE EMPATÍA

¿Podría haber sido diferente el desenlace de este caso?

Quizás si Silvia hubiera sido consciente que la duda reiterada por parte del gerente del proyecto respecto a su desempeño erosionaba la confianza en sí misma, hubiese podido mantener el control emocional frente a lo que había y propiciar una conversación previa con Enrique.

Distanciarse de los sentimientos que nos consumen en un momento determinado no es fácil. Requiere de práctica. Parar, respirar, ser conscientes de nuestras emociones, sin juzgarnos para no ser reactivos y responder asertivamente.

Igualmente, si Enrique hubiese tenido empatía la historia podría haber tenido otro final. En ningún momento Enrique conversó con Silvia, y mucho menos se interesó por conocer sus apreciaciones y sentimientos, para poder ser un mejor líder. Su interés se centraba en el resultado.

Un líder que sienta interés por el otro reconoce el impacto de sus palabras y acciones sobre los demás. Era esencial comprender la situación y no quedarse en el juicio. Para ello aporta un análisis del contexto completo y no solo de una parte de este.

Las personas arrogantes “miran por encima del hombro”, hablan desde la posición “yo soy mejor que usted”. Juzgan a los demás y confirman que son mejores. Por tanto, no les es dado mostrar ni un asomo de vulnerabilidad. Creen que equivocarse es sinónimo de debilidad o de inferioridad.

La apariencia de perfección imposibilita el dialogo sincero.
Frente al error de otros, se muestran indignados. Como es posible que… Yo sabía que usted no era

capaz…Es increíble que usted…

Lo triste es que precisamente cuando nos sentimos terriblemente molestos con nosotros mismos, es cuando tendemos a ver sólo lo negativo de las otras personas.

Sólo a través de tener consciencia de nuestras propias emociones, de nuestros propios miedos, rabias, tristezas y alegrías podemos comprender las emociones de los otros.

Si uno ha experimentado tales emociones, sabe que otras personas también las experimentan. Si uno es consciente de lo doloroso que puede resultar un fracaso es más fácil ofrecer apoyo cuando se requiere.

Desde la posición usted es valioso y yo también, es posible construir una relación más humana. Es posible sentir por el otro, es posible dar la respuesta adecuada en cooperación con el otro.

Cuando sentimos empatía por otra persona, nos acercamos mucho a ella, podemos comprenderla mejor e identificar lo que necesita.

Seguramente Silvia no necesitaba predicciones apocalípticas sino la confianza de su jefe. ¡Como hizo de falta que Silvia conversara con Enrique! Se encontró completamente sola en otro país, en un contexto cultural desconocido, y peor aún en un ambiente empresarial tóxico. El dialogo previo a las reuniones para comprender el contexto de estas y el seguimiento a las primeras reuniones hubiese sido propicio para valorar lo ocurrido en ellas y para poder entender lo que estaba en juego.

Lamentablemente algunas corporaciones, aceptan conductas agresivas de sus gerentes “porque logran los resultados”. Se hacen los de la vista gorda, lo cual va minando la moral y la autoestima de los equipos de trabajo. Esto era exactamente lo que ocurría con Mario. La empresa quería conseguir que colaborara con el proyecto y a cambio no le ponía límites. Era tratado con privilegios que nadie más tenía lo que afirmaba su arrogancia. Si alguien no le gustaba a Mario, tenía que soportar el maltrato de este o irse.

Silvia asistió durante todo un día a varias reuniones con él y con miembros de su equipo, en las cuales él hizo gala del poder que tenía. Reunión tras reunión en donde estuvo presente Mario, Silvia se sintió cada vez más disminuida. Inundada por este sentimiento no logró ser asertiva. Al final del día buscó a Enrique pues necesitaba hablar de lo ocurrido. Enrique no apareció, no tenía nada que hablar con otra fracasada. Su carencia de empatía y en consecuencia de liderazgo lo llevaba a sumar un tercer fracaso. Silvia terminó derrotada por el miedo.